La elección del lugar donde los padres vivirán sus últimos años es uno de los eventos más estresantes de la vida, mucho más que comprar una casa o incluso divorciarse.

Poner a un ser querido al cuidado de un extraño es similar a decir «me rindo», «te entrego», «ya no puedo cuidarte» Al menos eso es lo que se siente al dejar atrás al marido que has amado por décadas o a la madre que te crió y ayudó a sanar heridas físicas y emocionales.

Lo importante al momento de decidir llevar o no al anciano a una residencia geriátrica, es que se tome en cuenta su opinión. Si acepta, debe haber el compromiso de que no será abandonado, que sienta que no está siendo relegado y que siga viendo un entorno familiar.

La regla de oro es que ambas partes ganen: que la familia tenga la confianza de dejar a su anciano en un lugar seguro y que éste se sienta bien… que no pierda su dignidad.

De no haber esto, el adulto mayor puede deprimirse y comenzar con problemas de salud física o mental. Y si ya no tenía mucha funcionalidad en su casa, puede ocurrir que el golpe emocional haga que se pierda por completo en la residencia geriátrica.

Es fundamental asegurarse un lugar que tenga personal capacitado y ofrezca atención médica, psicológica y nutricional, así como instalaciones seguras, limpias e higiénicas como lo ofrece Casa Israel.